Me arrepiento de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana.

Sueño Erótico


Afrodita poco duerme. Es una diosa! No se imaginan la cantidad de casos que debe atender...

Pero un día, entre lo poco que pudo dormir al lado de sus gatos que ronronearon en su oído antes de caer en sueño profundo, vinieron las siguientes imágenes a su encuentro:

Estaba en un cuarto rustico, pequeño, una cocina ahumada, donde estaba un panel más o menos de su tamaño. Ese panel, es de los de panaderia, bandejas y bandejas donde se pone la masa para llevarla al horno... ahí, habían todo tipo de panes dulces, incluyendo roscones, llenos de azucar. En un momento, llegan unas niñas pequeñas, una morena y otra rubia, con jarras llenas de miel y las vacian todas encima de los panes... la visión: roscones chorreantes de miel, mientras esas dos criaturitas se rien felices porque van a llevar los panes al horno...

Cuadros después, sale Afrodita, con una serie de mujeres, felices, comiendo estos panes, estas tortas de miel, acompañadas por la visión clara de un Eclair con una gruesa capa de chocolate y almendras picadas encima... después, un croissant de chocolate y almendra (de esos que Afrodita acostumbra comer en Le Patissiere) y la risa inunda a estas mujeres quienes lasivamente se lamen los dedos... Ahí desperté.

Claaaaaaaaaro que es un sueño erótico! Creo que es uno de los sueños más eróticos de mi vida, se lo atribuyo en buena medida a la visión clara del Eclair como símbolo fálico... :$ Además de descubrir que lo que tenía era antojo de comer croissant de chocolate y almendra, también me di cuenta que lo que quería era lamerme los dedos de placer... o vertir un poco de miel en la espalda de alguien para después disfrutarla lentamente. Sí, obvio que después quedamos todos enmelocotados, pero tranquilos: eso se soluciona con una ducha.

Allende dice: La miel tibia sobre el cuerpo se presta para muchos juegos eróticos. Cleopatra preparaba una mezcla de miel y almedras pulverizadas para embellecer su piel. Julio César y Marco Antonio engordaron a su lado, no sólo porque abandonaron la vida ruda de los cuarteles por los lánguidos placeres de la corte egipcia, sino porque se aficionaron a lamer el postre de la copa íntima de esa reina seductora.

Si usted es Cleopatra, inténtelo... A mi me hace falta un Julio César, por lo que me conformo con torta de manzana con su respectivo recubrimiento de miel (sírvase bien caliente).

2 comentarios:

Christophe dijo...

Conociendo éste agradable experimento, muy bonita la plantilla y el pie de página con la sartén jeje, ni que decir de los relatos.

Sin duda creo con la comida se puede llegar al corazón de un hombre, es una excelente actividad, aunque encontrar una Cleopatra en estos tiempos es demasiado difícil.

JP dijo...

Wao...

Con eos sueños...hasta yo le doy rienda suelta a la confiteria!